Nuestro tercer día en las islas Maldivas comienza a las 8:00 de la mañana. Aunque para mí, desde más temprano. Por los nervios del viaje apenas he dormido. Arreglamos las maletas y lo dejamos todo listo.

El desayuno es el único buffet que ofrece el hotel, además tiene un cocinero para poder pedirle cualquier cosa que no esté en el buffet. Desayunamos huevos revueltos y crepes con nutella.  Cuando vamos a pagar la noche de hotel, el pago con tarjeta no tiene señal . Como solución, los encargados del hotel deciden que mejor esperar nuestra vuelta del resort con la idea de que el problema de la red se solucionará. Así pagamos las dos noches y todos los gastos en un mismo pago.

Ya son las 10:00 de la mañana y estamos junto al guía de Ariston en el puerto, vemos como se va acercando el barco. Nos despedimos y montamos en él, mientras todos los tripulantes empiezan a preguntarnos cosas ( de donde somos, si de luna de miel…) dejé a Abraham que contestara todas las preguntas, yo solo podía mirar y preguntarme cuál sería nuestro resort.

El agua empezaba a ponerse azul turquesa y cada vez más clara. Veo una isla que supongo que es Ranveli village, porque el capitán toca la bocina del barco para avisar que vamos llegando.

¿Sabes cuando la realidad supera los sueños? pues imaginarme, llorando como una Magdalena.

Un señor nos recibe con toallas húmedas y nos dice “Welcome tu Paradise” Ni las fotos hacen justicia a lo que estábamos viendo. Nos ayudaron con las maletas y nos guían hasta recepción. Allí nos esperan los recepcionista con un cóctel de bienvenida y nuevas toallas.

Nos sentamos y asimilamos que todo esto no es un sueño. Nos dan la llave y vamos entusiasmado a ver la habitación, le digo a Abraham que la pedí con vistas al mar, pero no estaba segura cómo sería. En cuanto entramos por la puerta nos fijamos que la habitación es enorme, nos quitamos los zapatos y empiezo a grabar.

 

 

Lo que vemos al abrir después es increíble:El agua turquesa de nuestra playa refleja toda la habitación, no más de 20 pasos de arena separa nuestro balcón del mar. Salgo corriendo hasta la orilla y me doy cuenta que estamos solos.

  

 

 

No llegan a ser las 11:00 de la mañana y tenemos una playa de arena blanca y agua cristalina solo para nosotros. Menos de cinco minutos tardamos en sacar los bañadores de la maleta y empezar a bañarnos además de hacernos miles fotos.

A las 12:30 empieza el almuerzo y así conocemos el restaurante y al que será durante cuatro días nuestro camarero. Comer con vistas al océano indico mientras ves tiburones nadar es un lujo que todavía no habíamos asimilado. La tarde la pasamos recorriendo el hotel, echándonos la siesta y haciendo Snorkel.

A las 17:00 de la tarde es el atardecer y desde nuestra playa tenemos la suerte de verla muy bien. Ahora viene gente para grabar. Nosotros nos sentamos en la hamaca y disfrutamos de este mágico momento. No necesitábamos nada más que esto. Pocos minutos después de las 5 y media de la tarde ya se ha acabado la puesta del sol y nos arreglamos para la cena que empieza a las 19:00. Los horarios de comida aquí son diferentes, pero te acostumbres rápidamente.

No os he hablado del buffet.

El buffet es variado, no como esos hoteles de lujo que tienen cuatro restaurantes a cuál más grande. El restaurante es una cabaña de madera encima del mar y la comida está en una mesa alargada con 10 platos diferentes. Cada día con una temática y con opciones a cocina para vegetarianos. Además, un cocinero que te hace pescado del día a la plancha en el momento.

A nosotros nos encantó e intentábamos probarlo todo.

 

El wifi del Resort no llega a todas las partes de la isla, a decir verdad, solo llega a recepción y al bar por lo que después de cenar pasamos unos minutos en unas hamacas escuchando música del bar de fondo y hablando con las familias. A eso de las 9 de la noche ya estábamos dormidos.

Fue un día muy intenso que todavía cuando me acuerdo y se me saltan las lágrimas. Pagaría por vivirlo de nuevo. A día de hoy me cuesta asimilar que fue real.

Ahora sí, ¡estamos cumpliendo nuestro sueño! Qué feliz me siento pudiendo decir que mis sueños se convierten en momentos vividos y en recuerdos que no se perderán jamás.